ALBORADA - SAYRI ÑAN

7.07.2011

WIRACOCHA - EL FANTASMA DE LOS ANCESTROS

                                         (Wiracocha ??? - Ollantaytambo- Peru)




"Lo cierto es que no tuvieron dios más principal que el Sol (si no fue Pachacámac, dios no conocido), antes, por dar deidad a los españoles, decían a los principios que eran hijos del Sol, como lo dijeron de la fantasma Viracocha."(Garcilaso)

"...porque no tuvieron más de dosdioses, que fueron el Pachacámac, no visto ni conocido, y el Sol visible y notorio: al Viracocha y a los demás Incas tuvieron por hijos del Sol." (Garcilaso)


Nos cuenta Garcilaso que el Inca Yáhuar Huácac (1) metido entre miedos y esperanzas con respecto a la conquista de algunas provincias, que unas veces se prometía buenos sucesos y otras veces desconfiaba de ellos por su mal agüero, no osaba acometer ninguna empresa de guerra, por los peligros de ella. Volvió entonces a los cuidados domésticos que dentro en su casa se criaban, que le daban pena y dolor la condición áspera de su hijo, el primogénito, heredero que había de ser de sus reinos. Desde niño el principe maltrataba los muchachos que de su edad con él andaban y mostraba indicios de crueldad que, aunque el Inca hacía diligencias para corregirle y esperaba con la edad, cobrando más juicio, parecía salirle vana esta confianza, porque con la edad antes crecía que menguaba la ferocidad de su ánimo. Para su padre era de grandísimo tormento porque los Incas preciaban tanto de la afabilidad y mansedumbre, érale de suma pena ver al príncipe de contraria condición. Procuró remediarla con persuasiones y con ejemplos, con reprensiones y disfavores, mas todo le aprovechaba poco o nada.
 
Acordó el Inca desfavorecerlo del todo y apartarlo de sí con propósito, si no aprovechaba el remedio del disfavor para enmendar la condición, desheredaríalo y elegiria otro de sus hijos para heredero. Pensaba hacer esto imitando la costumbre de algunas provincias de su Imperio, donde heredaban los hijos más bienquistos. La cual ley quería el Inca guardar con su hijo, no habiéndose hecho tal entre los Reyes Incas. Mandó echarlo de su casa y de la corte, siendo ya el príncipe de diez y nueve años. Lo llevaron poco más de una legua al levante de la ciudad, a unas grandes y hermosas dehesas que llaman Chita, donde yo estuve muchas veces. Allí había mucho ganado del Sol y se le mandó que lo apacentase con los pastores.
 
"Allí había mucho ganado del Sol y se le mandó que lo apacentase con los pastores. El príncipe, no pudiendo hacer otra cosa, aceptó el destierro y el disfavor que le daban en castigo de su ánimo bravo y belicoso; y llanamente se puso a hacer el oficio de pastor con los demás ganaderos, y guardó el ganado del Sol, que ser del Sol era consuelo para el triste Inca. Este oficio hizo aquel desfavorecido príncipe por espacio de tres años y más, donde lo dejaremos hasta su tiempo, que él nos dará bien que decir, si lo acertásemos a decir bien." (Garcilaso)
 
Dejó el Inca de todo las guerras y conquistas de nuevas provincias para atender solamente al gobierno y no perder el hijo de vista, alejándolo de si, pero teniendolo a la mira y procurando la mejora de su condición. Otros medios, todos los que se le ofrecían, como ponerle en perpetua prisión o desheredarle y elegir otro en su lugar, le parecían violentos por la novedad y grandeza del caso, que era deshacer la deidad de los Incas, que eran tenidos por divinos hijos del Sol, y que los vasallos no consentirían aquel castigo ni cualquiera otro que quisiese hacer en el príncipe.

 
 Anduvo el Inca más de tres años, sin descanso y reposo.  En este tiempo envió dos veces a visitar el reino a cuatro parientes suyos, repartiendo a cada uno las provincias que habían de visitar, mas él no osó salir de la corte, donde sólo celebraba las fiestas del Sol y las otras que se hacían entre año, y haciendo justicia a sus súbditos.
Un día, poco después de mediodía, entró el príncipe en la casa de su padre, donde menos le esperaban, pidiendo una audiencia. Con mucho enojo el Inca mandó que se fuese luego si no quería que lo castigase con pena de muerte por inobediente al mandato real, pues sabía que a nadie era lícito quebrantarlo. "El príncipe respondió diciendo que él no había venido allí por quebrantar su mandamiento, sino por obedecer a otro tan gran Inca como él. El cual le enviaba a decir ciertas cosas, que le importaba mucho saberlas; que si las quería oír le diese licencia para que entrase a decírselas; y si no, que con volver al que le había enviado y darle cuenta de lo que había respondido, habría cumplido con él."
 
"El Inca, oyendo decir otro tan gran señor como él, mandó que entrase por ver qué disparates eran aquéllos, y saber quién le enviaba recaudos con el hijo desterrado y privado de su gracia; quiso averiguar qué novedades eran aquéllas para castigarlas." (Garcilaso)
 
 
 
 
Puesto ante su padre, el príncipe le dijo...
 
Durmiendo el príncipe, o velando, que no se sabe de cierto si dormía o velaba, antes se inclinaban a afirmar que velaba, recostado debajo de una peña de las que hay en los pastos de Chita, a mediodía, donde por el mandato del Inca, su padre, apacentaba el ganado del Padre el Sol, se le puso delante un hombre extraño en hábito y en figura diferente de los Incas, porque tenía barbas en la cara de más de un palmo y un vestido largo y suelto, que le cubría hasta los pies, que traía atado por el pescuezo un animal no conocido por los Incas. El cual le dijo, llamandolo "sobrino" que era también hijo del Sol, hermano del Inca Manco Cápac y de la Coya Mama Ocllo Huaco, su mujer y hermana, los primeros de los Incas. Dijo también que, por lo cual, era hermano de su padre y de todos los Incas y que llamabase Wiracocha Inca. Venía de la parte del Sol, su Padre, a darle aviso para que se lo dese al Inca, su hermano, que toda la mayor parte de las provincias de Chinchasuyu sujetas a su Imperio, y otras de las no sujetas, estaban rebeladas y juntaban mucha gente para venir con poderoso ejército a derribarle de su trono y destruir la imperial ciudad del Cuzco. Dijo que él debría ver al Inca y decirle que se preveniese. En particular le dijo que en cualquiera adversidad que le sucedese que no temese, que él en todas ellas le socorrería como a su carne y sangre. Que no dejase de acometer cualquiera hazaña, por grande que fuese, que conviniese a la majestad de su sangre y a la grandeza de su Imperio, que él sería siempre en su favor y amparo y le buscaría los socorros que necesitase. Entonces se le desapareció el Inca Wiracocha y el príncipe tomó luego el camino para dar cuenta al Inca, de lo que le mandó que dijese.

 El Inca Yáhuar Huácac (1) no quiso creerle, antes le dijo que era un loco soberbio, "que los disparates que andaba imaginando venía a decir que eran revelaciones de su padre el Sol; que se fuese luego a Chita y no saliese de allí jamás, so pena de su ira."

Con esto se volvió el príncipe a guardar sus llamas, más desfavorecido de su padre que antes lo estaba.

Como siempre sucedía en los asuntos importantes, los Incas más allegados, como hermanos y tíos, que asistían a la presencia del Inca, tomaron de otra manera lo que el príncipe dijo, y aconsejaron al Inca que no era de menospreciar el mensaje y aviso del Inca Wiracocha, su hermano, habiendo dicho que era hijo del Sol y que venía de su parte. No podían creer que el príncipe fingiese aquellas razones en desacato del Sol, que sería sacrilegio el imaginarlas cuanto más decirlas delante del Inca, su padre. Que sería bien se hiciesen sacrificios al Sol, tomasen sus agüeros, para ver si les pronosticaban bien o mal y se hiciesen las diligencias necesarias a negocio tan grave; porque dejarlo no solamente era hacer en su daño, mas también menospreciar al Sol, padre común, que enviaba aquel aviso, y al Inca Wiracocha, su hijo, "que lo había traído, y era amontonar para adelante errores sobre errores".
El Inca no quiso admitir los consejos que sus parientes le daban, que no se había de hacer caso del dicho de un loco furioso, "que en lugar de enmendar y corregir la aspereza de su mala condición para merecer la gracia de su padre venía con nuevos disparates, por los cuales y por su extrañeza merecía que lo depusieran y privaran del principado y herencia del reino, como lo pensaba hacer muy presto, y elegir uno de sus hermanos que imitase a sus pasados, el cual, por su clemencia, piedad y mansedumbre mereciese el nombre de hijo del Sol, porque no era razón que un loco, por ser iracundo y vengativo, destruyese con el cuchillo de la crueldad lo que todos los Incas pasados, con la mansedumbre y beneficios, habían reducido a su imperio; que mirasen que aquello era de más importancia para prevenir y tratar de su remedio que no las palabras desatinadas de un furioso, que ellas mismas decían cuyas eran; que si no autorizara su atrevimiento con decir que la embajada era de un hijo del Sol, mandara le cortaran la cabeza por haber quebrantado el destierro que le había dado. Por tanto les mandaba que no tratasen de aquel caso, sino que se le pusiese perpetuo silencio, porque le causaba mucho enojo traerle a la memoria cosa alguna del príncipe, que ya él sabía lo que había de hacer de él."

Por el mandato callaron los Incas, no hablaron más en ello, aunque no dejaron de temer porque los Incas creían mucho en sueños, y más si los sueños apuntaban al Inca o al príncipe heredero o al Sumo Sacerdote, "que éstos eran tenidos entre ellos por dioses y oráculos mayores, a los cuales pedían cuenta de sus sueños los adivinos y hechiceros para los interpretar y declarar, cuando los mismos Incas no decían."


Tres meses después del sueño vino nueva, aunque incierta, del levantamiento de las provincias de Chinchasuyu, desde Antahualla adelante, cerca de cuarenta leguas del Cuzco, al norte. Esta nueva vino sin autor, confusa y oculta. Y así, como conformaba la nueva con el sueño, no hizo el Inca caso de ella. Pocos días después se volvió la misma nueva, aunque todavía incierta y dudosa. Los enemigos habían cerrado los caminos con grandísima diligencia, para que el levantamiento de ellos no se supiese, sino que primero los viesen en el Cuzco. "La tercera nueva llegó ya muy certificada, diciendo que las naciones llamadas Chanca, Uramarca, Uillca, Utunsulla, Hancohuallu y otras circunvecinas a ellas se habían rebelado y muerto los gobernadores y ministros regios, y que venían contra la ciudad con ejército de más de cuarenta mil hombres de guerra."

Estas naciones fueron reducidas al Imperio más por el terror de sus armas que por el amor de su gobierno quedando con rencor y odio de los Incas para mostrarlo cuando se les ofreciese ocasión. Viendo, pues, al Inca Yáhuar Huácac (1) tan poco belicoso, les pareció bastante ocasión para mostrar el mal ánimo que al Inca tenían y el odio que habían a su imperio y dominio. Y así, con la mayor brevedad y secreto que pudieron, se convocaron unos a otros, llamaron sus comarcanos y levantaron un poderoso ejército de más de treinta mil hombres de guerra y caminaron para la imperial ciudad del Cuzco. Los autores de este levantamiento fueron tres principales, curacas de tres grandes provincias de la nación Chanca (debajo de este nombre se incluyen otras muchas naciones), el uno se llamaba Hancohuallu, jóven de veintiséis años, el otro Túmay Huaraca y el tercero Astu Huaraca, estos dos últimos hermanos, y parientes de Hancohuallu. Los antepasados de estos tres hicieron guerra perpetua, antes de los Incas, con las naciones comarcanas a sus provincias, particularmente con la nación llamada Quechua (debajo de este apellido entran cinco provincias grandes). Se hubieron con todas de manera tirana, por lo cual holgaron los Quechuas y sus vecinos de ser vasallos de los Incas y se dieron con facilidad y amor por librarse de las insolencias de los Chancas. "Guardando el odio antiguo que sus padres habían heredado, hicieron el levantamiento presente, pareciéndoles que con facilidad vencerían al Inca por la presteza con que pensaban acometerle y por el descuido con que imaginaban hallarle, desapercibido de gente de guerra, y que con sola una victoria serían señores, no solamente de sus enemigos antiguos, mas también de todo el Imperio de los Incas."



El Inca Yáhuar Huácac se halló confuso con la certificación de la venida de los enemigos, porque nunca había creído que tal pudiera ser, por la gran experiencia que tenían de que no se había rebelado provincia alguna de cuantas se habían conquistado y reducido a su Imperio. El príncipe mandó a los que le habían dado la nueva y a algunos de los pastores que consigo tenía, que fuesen a la ciudad, y a todos que topasen por los caminos y a los que hallasen en ella les dijesen de su parte que todos los que pudiesen procurasen ir en pos del Inca su señor, con las armas que tuviesen, porque él pensaba hacer lo mismo, y que pasasen la palabra de este mandato de unos a otros. Dada esta orden, salió el príncipe en busca de su padre por unos atajos, sin querer entrar en la ciudad, con la prisa lo alcanzó en la angostura de Muyna, que aún alli estaba. Lleno de polvo y sudor, con una lanza en la mano, que había llevado por el camino, se puso delante del Inca.

Desde el primer Inca Manco Cápac hasta el presente, no se había rebelado provincia alguna de cuantas se habían conquistado. Por eso y porque fuera su hijo que dio el pronóstico de aquella rebelión, no le dió crédito ni tomó los consejos de sus parientes, dejando sus pasiones cegar el entendimiento. Ahora no tenía tiempo para convocar gente con que salir al encuentro de los enemigos, ni como defenderse de ellos, le pareció retirarse hacia Collasuyu, donde se prometía estar seguro por la nobleza y lealtad de los súbditos.
 
Cuzco, con la ausencia del Inca, quedó desamparada, sin nadie para defenderla. Todos procuraban huir y  se fueron los que pudieron por diversas partes, intentando salvar sus vidas. Algunos de los que iban huyendo fueron a toparse con el príncipe y le dieron nueva de la rebelión.
 

 
En ese momento nació el gran transformador del Tahuantinsuyo.
Pero, eso es una otra historia...


(1) Otros cronistas no están de acuerdo con los nombres, dados por Garcilaso, a estos Incas. Para ellos, el principe fue el gran Pachacútec, el transformador, que con sus grandiosos hechos, transformó el Tahuantinsuyo en un Imperio. Para ellos, el "padre" es Inca Wiracocha y no Yáhuar Huácac."

"Habiendo desterrado el Inca Yáhuar Huácac a su hijo primogénito (cuyo nombre no se sabe cuál era mientras fue príncipe, porque lo borró totalmente el que adelante le dieron, que como no tuvieron letras se les olvidaba para siempre todo lo que por su tradición dejaban de encomendar a la memoria)..."(Garcilaso)

BIBLIOGRAFIA

Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.


En uno de los próximos artículos de mi blog, la descripción del templo de Wiracocha hecha por Garcilaso de la Vega.

                                                           (templo de Wiracocha)