ALBORADA - SAYRI ÑAN

7.03.2011

TAHUANTINSUYO - LOS ENGRANAJES PERFECTOS DEL IMPERIO



Padre Blas Valera en sus libros habla de las leyes y derechos que había en el gobierno de los Incas, "tan político y tan digno de loor".

La ley municipal hablaba acerca de los particulares provechos que cada provincia o pueblo tenía dentro de su jurisdicción y la ley agraria, trataba del dividir y medir las tierras y repartirlas por los vecinos de cada pueblo. Esta ley se cumplía con grandísima diligencia y rectitud - los medidores medían las tierras con sus cordeles por partes, que llamaban tupu (1), y las repartían por los vecinos, señalando a cada uno su parte.
La ley común era la que mandaba que las personas acudiesen en común (sacando los viejos, muchachos y enfermos) a hacer y trabajar en las cosas del país, como por ejemplo edificar los templos, las casas del Inca o de los señores, labrar sus tierras, hacer puentes, aderezar los caminos y otras cosas semejantes.
Había también la ley de hermandad a la que mandaba que todos los vecinos de cada pueblo se ayudasen unos a otros a barbechar (2), sembrar y a coger sus cosechas, labrar sus casas y otras cosas de esta suerte, sin llevar paga ninguna.
La ley que llamaban Mitachanácuy, que es mudarse a veces por turnos o por linajes, en la cual todas las obras y fábricas de trabajo que se hacían y acababan con el trabajo común hubiese la misma cuenta, medida y repartimiento que había en las tierras para que cada provincia, cada pueblo, cada linaje, cada persona, trabajase lo que le pertenecía y no más, y aquel trabajo fuese remudándose a veces, por que fuesen trabajando y descansando.
La ley sobre el gasto ordinario, que les prohibía el fausto en los vestidos ordinarios y las cosas preciosas, como el oro y la plata y piedras finas. Esta ley quitaba totalmente la superfluidad en los banquetes y comidas, mandando que dos o tres veces al mes comiesen juntos los vecinos de cada pueblo, delante de sus curacas. También que se ejercitasen en juegos militares o populares para que se reconciliasen los ánimos y guardasen perpetua paz, y para que los ganaderos y otros trabajadores del campo se alentasen y regocijasen.
 La ley en favor de los que llamaban pobres mandaba que los ciegos, mudos y cojos, los tullidos, viejos y viejas, decrépitos, enfermos de larga enfermedad y otros impedidos que no podían labrar sus tierras, para vestir y comer por sus manos y trabajo, los alimentasen de los depósitos públicos. Estos mismos depósitos públicos deberían prover los huéspedes que recibiesen, los extranjeros, peregrinos y caminantes, para todos los cuales tenían casas públicas, que llaman corpahuaci -casa de hospedería -, donde les daban de balde todo lo necesario. Mandaba la misma ley que dos o tres veces al mes llamasen a todos estos necesitados a los convites y comidas públicas, para que con el regocijo común desechasen parte de su miseria.
La ley casera contenía dos cosas: la primera, que ninguno estuviese ocioso, aun los niños de cinco años ocupaban en cosas muy livianas, conforme a su edad. Así los ciegos, cojos y mudos, si no tenían otras enfermedades, también trabajaban en diversas cosas; las demás personas, mientras tenían salud, se ocupaban cada uno en su oficio y beneficio, y era entre ellos cosa de mucha infamia y deshonra castigar en público a alguno por ocioso. La misma ley mandaba que las personas comiesen y cenasen con las puertas abiertas para que los ministros de los jueces pudiesen entrar libremente a visitarles. Ciertos jueces tenían cargo de visitar los templos, los lugares, edificios públicos y las casas particulares: llamábanse llactacamayu.

Estos llactacamayu, por si o por sus representantes, visitaban a menudo las casas para ver el cuidado y diligencia que así el varón como la mujer tenía acerca de su casa, familia, obediencia, solicitud y ocupación de los hijos. Esta diligencia la sacaban ellos del ornamento, atavío, limpieza y buen aliño de la casa, de las alhajas (3), vestidos, vasos y todas las demás cosas caseras. A los que hallaban aliñosos premiaban con loarlos en público (a los desaliñados castigaban. "De cuya causa había tanta abundancia de las cosas necesarias para la vida humana, que casi se daban en balde, y aun las que hoy tanto estiman."
Había otras leyes y ordenanzas morales, que en común y en particular todos guardaban, pero estas eran las principales.

"Desde aquel tiempo criaron sus hijos con doctrina, comunicáronse unos con otros, hicieron de vestir para sí, no sólo con honestidad, mas también con algún atavío y ornato; cultivaron los campos con industria y en compañía unos de otros; dieron en tener jueces, hablaron cortesanamente, edificaron casas, así particulares como públicas y comunes; hicieron otras muchas cosas deste jaez, dignas de loor." (Padre Blas Valera)


“La orden y manera que los Incas tenían de conquistar las tierras y el camino que tomaban para enseñar las gentes a la vida política y ciudadana,
cierto no es de olvidar ni de menospreciar; porque desde los primeros Reyes, a los cuales imitaron los sucesores, nunca hicieron guerra sino movidos por alguna razón que les parecía bastante, como era la necesidad que los bárbaros tenían de que los redujesen a vida humana y política, o por injurias y molestias que los comarcanos hacían a sus vasallos, y antes que moviesen la guerra, requerían a los enemigos una y dos y tres veces."(Garcilaso)
 
Después de conquistada una provincia, los Incas llevaban el ídolo principal de aquella tal provincia al Cuzco, como se fuera un rehen, lo metían en un templo hasta que el señor y su pueblo se desengañasen de sus vanos dioses y adorasen al Sol. En ese primero momento no echaban por tierra los dioses ajenos, por la honra de la provincia conquistada, porque los naturales no se desdeñasen del menosprecio de sus dioses hasta que los tenían también conquistados en la adoración del Sol. Lo mismo hacian con el principal del lugar, que llevaban al Cuzco, así como  a todos sus hijos, regalandolos, para que ellos, frecuentando la corte, aprendiesen, no solamente las leyes, costumbres, la lengua, pero también los ritos y ceremonias. Eso restituía al principal su antigua dignidad y señorío. Entonces los vasallos le servían y obedecían como a señor natural. Para que los soldados vencedores y vencidos se reconciliasen, tuviesen perpetua paz y amistad , para que se perdiese y olvidase cualquiera enojo o rencor que durante la guerra hubiese nacido, mandaban que entre ellos celebrasen grandes banquetes, abundantes de todo regalo, y que se hallasen a ellos ciegos, cojos y mudos y los demás pobres impedidos, para que gozasen de la liberalidad real. "En aquellas fiestas había danzas de doncellas, juegos y regocijos de mozos, ejercicios militares de hombres maduros. Demás de esto les daban muchas dádivas de oro y plata y plumas para adornar los vestidos y arreos de las fiestas principales. Sin esto les hacían otras mercedes de ropa de vestir y otras preseas, que entre ellos eran muy estimadas. "
 
Con estos regalos y otros semejantes, regalaba el Inca los pueblos conquistados, de tal manera que, por bárbaros y brutos que fuesen, se sujetaban a unirse con amor y servicio con tal vínculo que nunca jamás provincia alguna se rebeló. Por que se quitasen del todo las ocasiones de producir quejas, para que ellas no causasen rebeliones, confirmaba y promulgaba todas las leyes, fueros y estatutos antiguos, sin tocar en cosa alguna, si no eran contrarios a las leyes del Tahuantinsuyo. Si había necesidad, mudaban los habitadores de una provincia a otra - dandoles heredades, casas, criados, ganados, en abundancia. En lugar de aquéllos, llevaban ciudadanos del Cuzco o de otras provincias fieles, para que, haciendo oficio de soldados,, enseñasen a los moradores las leyes, ritos, ceremonias y la lengua general del reino.
 
"...sacadas algunas cosas que convenían para la seguridad de todo el Imperio, todo lo demás de las leyes y derechos de los vasallos se conservaban sin tocarles en nada. Las haciendas y patrimonios así comunes como particulares mandaban los Incas que se sustentasen libres y enteras, sin disminuirles parte alguna. Nunca permitieron que sus soldados robasen ni saqueasen las provincias y reinos que por armas sujetaban y rendían; y a los rendidos, naturales de ellas, en breve tiempo les proveían en gobiernos de paz y en cargos de la guerra, como si los unos fueran soldados viejos del Inca, de mucho tiempo atrás, y los otros fueran criados fidelísimos." (Garcilaso)
 
  Habiendo conquistado el Inca una nueva provincia procuraba componer y dar orden en las cosas de aquella región, para lo cual mandaba que se asentasen y pusiesen en los nudos y cuentas (4), los pastos, los montes altos y bajos, tierras de labor, heredades, minas de de oro, plata y cobre, salinas, fuentes, lagos y ríos, algodonales, árboles frutíferos, ganados. Todas estas  cosas y otras se contaban, medían y asentaban por memoria.  Primeramente las de toda la provincia, luego las de cada pueblo y a lo último las de cada persona; medían lo ancho y largo de las tierras de labor y provecho, de los campos, y le daban relación muy clara de todo ello, no para aplicar para sí ni para su tesoro cosa alguna de las que pedía la noticia, sino para que, sabida muy bien la fertilidad y abundancia o la esterilidad y pobreza de aquella región y de sus pueblos, se proveyese lo que había de contribuir y lo que habían de trabajar los naturales. También para que se viese con tiempo el socorro de bastimento, de ropa, de cualquiera otra cosa que tuviesen necesidad en tiempos de hambre o de guerra. Mandaba que fuese público y notorio a las personas cualquiera cosa que hubiesen de hacer en servicio del Inca, de los curacas o del país. Así ni los vasallos podían disminuir cosa alguna de lo que estaban obligados a hacer, ni los curacas, ni sus representantes les podían hacer daño.

"La carga de los tributos que a sus vasallos imponían aquellos Reyes era tan liviana que parecerá cosa de burla lo que adelante diremos, a los que lo leyeren. Empero, los Incas, no contentos ni satisfechos con todas estas cosas, distribuían con grandísima largueza las cosas necesarias para el comer y el vestir, sin otros muchos dones, no solamente a los señores y a los nobles, mas también a los pecheros y a los pobres, de tal manera que con más razón se podrían llamar diligentes padres de familias o cuidadosos mayordomos, que no Reyes,..." (Garcilaso)

Conforme a la cuenta y medida que se había hecho de la provincia conquistada, le ponían sus mojoneras y linderos, para que estuviese dividida de sus comarcanas. Y por que en los tiempos venideros no se causase alguna confusión, ponían nombres propios y nuevos a los montes y collados, campos, prados y fuentes, y demás lugares, si de antes tenían nombres, se los confirmaba, añadiéndoles alguna cosa nueva que significase la distinción de las otras regiones. Entonces repartían las tierras, a cada pueblo de la provincia lo que le pertenecía, para que lo tuviese por territorio particular, prohibindo que estos campos y sitios universales, señalados y medidos dentro de los términos de cada pueblo, en ninguna manera se confundiesen.
 
Las minas de oro y plata antiguas, o halladas de nuevo, se las concedía a los curacas y a sus parientes y vasallos que tomasen lo que bien les estuviese, no para tesoros, sino para adornar los vestidos y arreos con que celebraban sus fiestas principales y para algunos vasos en que bebiese el curaca. Parece que no hacían caso de las minas, las olvidaban y dejaban perder - habían muy pocos mineros para sacar y fundir los metales, aunque de los demás oficios y artes había innumerables oficiales. Los mineros, fundidores de los metales y demás personas ocupadas en aquel oficio no pagaban otro tributo sino el de su trabajo y ocupación. Las herramientas, los instrumentos, el comer, vestir y cualquiera otra cosa de necesidad, se les proveía largamente de la hacienda del Inca o del señor de vasallos, si andaban en su servicio.


Eran obligados a trabajar dos meses, con ellos cumplían su tributo - el demás tiempo del año lo gastaban en lo que deseasen. Sólo trabajaban las personas de la provincia que lo tenían por oficio particular y sabían el arte, los llamados metaleros. Del cobre, llamado anta, se servían en lugar de hierro, del cual hacían las armas, los cuchillos para cortar y los instrumentos que tenían para la carpintería, los alfileres grandes que las mujeres tenían para prender sus ropas, los espejos, las azadillas con que escardaban sus sementeras y los martillos para los plateros; por lo cual estimaban mucho este metal, porque para todos era de más provecho que no la plata ni el oro y así sacaban más cantidad de él que de estos otros. Personalmente, creo que esto era hecho con la intención de no trivializar el oro y, sí, valorarlo.

"De aquí también nació que aquellos Reyes del Perú, por haber sido tales, fuesen tan amados y queridos de sus vasallos que hoy los indios, con ser ya cristianos, no pueden olvidarlos, antes en sus trabajos y necesidades, con llantos y gemidos, a voces y alaridos los llaman uno a uno por sus nombres; porque no se lee que ninguno de los Reyes antiguos de Asia, África y Europa haya sido para sus naturales vasallos tan cuidadoso, tan apacible, tan provechoso, franco y liberal, como lo fueron los Reyes Incas para con los suyos." (Garcilaso)

Los curacas eran como nobles, según Garcilaso, señores de vasallos, como eran los duques, condes y marqueses de España, y como verdaderos y naturales señores, presidían en paz y en guerra a los suyos: tenían potestad de hacer leyes particulares, de repartir los tributos, de proveer a su familia y a todos sus vasallos en tiempo de necesidad, conforme a las ordenanzas y estatutos del Inca. Aunque no tenían autoridad de hacer leyes ni declarar derechos, también sucedían por herencia en los oficios, y en la paz nunca pagaban tributo, y en sus necesidades les proveían de los depósitos reales y no de los comunes. Los demás, inferiores a los capitanes, como por ejemplo los cabos de escuadra de a diez y de a cincuenta, no eran libres de tributo, porque no eran de "claro linaje". Los generales y los maeses de campo podian elegir los cabos de escuadra: una vez elegidos, no podían quitarles los oficios: eran perpetuos. (5)
Pagaban el tributo de ocuparse en sus oficios de decuriones y también tenían cuidado de mirar y visitar los campos, heredades, las casas reales, el vestir y los alimentos de la gente común.

A los otros gobernadores y ministros nombraba el Inca, subordinados de menores a mayores, para todas las cosas del gobierno y tributos del Imperio. Tenían pastores mayores y menores, a los cuales entregaban todo el ganado real y común. Estos lo guardaban con gran fidelidad, de manera que no faltaba uno sólo. Era tarea suya ahuyentar las fieras - no había ladrones.
Había guardas, veedores mayores y menores de los campos y heredades. Había mayordomos y administradores, jueces y visitadores. El oficio de todos ellos era que a su pueblo no faltase cosa alguna de lo necesario: habiendo necesidad de cualquiera cosa que fuese, luego al punto daban cuenta de ella a los gobernadores y a los curacas y al mismo Inca, para que la proveyesen, lo cual ellos hacían maravillosamente, principalmente el Inca, que en este particular en ninguna manera quería que los suyos lo tuviesen por Rey, sino por padre de familias y tutor muy diligente.

"Los jueces y visitadores tenían cuidado y diligencia que todos los varones se ocupasen de sus oficios y de ninguna manera estuviesen ociosos; que las mujeres cuidasen de aliñar sus casas, sus aposentos, sus vestidos y comida, de criar sus hijos, finalmente, de hilar y tejer para su casa; que las mozas obedeciesen bien a sus madres, a sus amas; que siempre estuviesen ocupadas en los oficios caseros y mujeriles; que los viejos y viejas y los impedidos para los trabajos mayores se ocupasen en algún ejercicio provechoso para ellos, siquiera en coger seroja y paja, y en despiojarse, y que llevasen los piojos a sus decuriones o cabos de escuadra. El oficio propio de los ciegos era limpiar el algodón de la semilla o granillos que tiene dentro en sí, y desgranar el maíz de las mazorcas en que se cría."(Blas Valera)

Había oficiales de diversos oficios, los cuales reconocían y tenían sus maestros mayores, como plateros de oro, plata, cobre y latón, carpinteros, albañiles, canteros, lapidarios de piedras preciosas.
Había ministros oficiales labradores para visitar los campos, cazadores de aves y pescadores, así de ríos como de la mar, tejedores, zapateros, había hombres que cortaban la madera para las casas reales y edificios públicos, herreros que hacían de cobre las herramientas para sus necesidades. Había otros muchos oficiales mecánicos, aunque innumerables, todos ellos acudían con gran cuidado y diligencia a sus oficios y obras de sus manos.

"Las recuas para llevar los bastimentos a todas partes, las hacían de este ganado que los españoles llaman carneros (6), teniendo más semejanza de camellos (quitada la corcova) que de carneros; y aunque el cargarse los indios era común costumbre entre ellos, el Inca no lo permitía en su servicio, si no era a necesidad. Mandaba que fuesen reservados de todo el trabajo que se les pudiese escusar, porque decía que lo quería guardar para emplearlo en otras obras, en las cualesno se podía escusar y se empleaba mejor, como en labrar fortalezas y casas reales, hacer puentes y caminos, andenes y acequias y otras obras de provecho común, en que los indios andaban siempre ocupados."

Mandaba el Inca que fuese común para todos los naturales de la provincia, la sal que se hacía, así de las fuentes salobres como del agua marina, el pescado de los ríos, arroyos y lagos, el fruto de los árboles nacidos de suyo, el algodón, el cáñamo, y como comunes, que todos cogiesen lo que hubiesen necesidad, y no más. Cada uno en sus tierras tenía permisión de plantar los árboles frutales que quisiese y podía gozar de ellos a su voluntad.



Los frutos y legumbres que sembraban, repartía el Inca en tres partes: la primera para el Sol, sus templos, sacerdotes y ministros; la segunda para el patrimonio real (gobernadores y ministros regios, que andaban fuera de sus patrias) y para los depósitos comunes; la tercera parte para los naturales de la provincia y moradores de cada pueblo. A cada hombre su parte, la cual bastaba a sustentar su casa.
Esta división hacía el Inca en todas las provincias del Imperio, para que en ningún tiempo pidiesen a las personas tributo alguno de sus bienes y hacienda, ni ellos fuesen obligados a darlo a nadie, ni a los principales ni a los depósitos comunes de sus pueblos ni a los gobernadores del Inca ni al mismo Inca ni a los templos ni a los sacerdotes, ni aun para los sacrificios que hacían al Sol. Los frutos que sobraban de la parte que al Inca le cabía se aplicaban a los depósitos comunes de cada pueblo y los que sobraban de las tierras del Sol también se aplicaban a los pobres (inútiles, cojos y mancos, ciegos, tullidos y otros semejantes).  

                                                   (bandera del Tahuantinsuyo)
(1) topo (topo o tupu: la medida cambiante basó en el paso humano equivalente a aproximadamente 2700 m²; 0.27 Ha.; 0.67 acres).

(2) barbechar 1.tr. Arar la tierra después de recoger la cosecha: su padre se fue muy temprano a barbechar. 2. Dejar descansar la tierra arada durante un tiempo, para que se regenere: es conveniente que barbeches una parte de tus tierras.

(3) alhaja 1.f. joya. 2. Adorno o mueble precioso. 3. Cosa de mucho valor y estima.

(4) quipo o quipu 1.m. Cada uno de los nudos de colores que constituía el sistema de escritura y contabilidad de los incas. Más en pl.: los quipus eran utilizados...(5) Unos eran de a diez soldados y otros de a cincuenta. Los capitanes menores eran de a cien soldados, otros de a quinientos, otros de a mil. Los maeses de campo eran de a tres, cuatro, cinco mil hombres de guerra. Los generales, eran de diez mil arriba: llamábanles Hatún Apu, que es gran capitán.




(6) llama, alpaca, vicuña.
BIBLIOGRAFIA
Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.
Padre Blas Valera, Las Costumbres Antiguas de Perú y La Historia de los Incas.