ALBORADA - SAYRI ÑAN

7.01.2011

HABLANDO DE LAS LEYES EN EL TAHUANTINSUYO



                                  (Mural in Cuzco, Peru, de Juan Bravo)




"No se halla, o ellos lo niegan, que hayan castigado ninguno de los Incas dela sangre real, a lo menos en público: decían los indios que nunca hicieron delito que mereciese castigo público ni ejemplar, porque la doctrina de sus padres y el ejemplo de sus mayores y la voz común que eran hijos del Sol, nacidos para enseñar y hacer bien a los demás, los tenían tan refrenados y ajustados, que más eran dechado de la república que escándalo de ella;"(Garcilaso)


Para prevenir los males que en el Tahuantinsuyo pudiesen nacer, crearon los Incas una ley que  mandaba que en todos los pueblos grandes o chicos de su Imperio se registrasen los vecinos por decurias de diez en diez. El decurión, uno de estos diez tenía cargo de los otros nueve. Cinco decurias de éstas tenían otro decurión superior, el cual tenía cargo de los cincuenta. Dos decurias de a cincuenta tenían otro superior, por los ciento. Así, otro capitán decurión miraba por cinco decurias de a ciento, cuidando de los quinientos. Siendo que dos compañías de a quinientos estaban bajo un general, que tenía dominio sobre los mil - y no más. No pasaban las decurias de mil vecinos. "De manera que había decurias de a diez, de a cincuenta, de a ciento, de a quinientos, de a mil, con sus decuriones o cabos de escuadra subordinados unos a otros, de menores a mayores, hasta el último y más principal decurión que llamamos general." (Garcilaso)

Además de tener los decuriones de a diez obligación de hacer el ofício de ser procurador para socorrer las necesidades que se ofreciesen a los que estaban bajo sus ordenes, dando cuenta de ellas al gobernador, o cualquiera otro a cuyo cargo estuviese el proporcionarlas, como pedir semilla si les faltaba para sembrar o comer, lana para vestir, rehacer la casa si le caía o quemaba, o cualquiera necesidad, los decuriones eran también fiscales y acusadores de cualquiera delito que cualquiera de los suyos hiciese, por pequeño que fuese. Estaba obligado a dar cuenta al decurión superior porque, conforme a la gravedad del delito, así eran los jueces unos superiores a otros, porque no faltase quien lo castigase con brevedad. Lo importante era que no fuese necesario ir con cada delito a los jueces superiores con apelaciones y de ellos a los jueces supremos de la corte. No sólo porque la dilación del castigo podría producir más delitos pero porque los pleitos civiles, por las muchas apelaciones, pruebas y tachas se perpetuaban y los pobres no fuesen desamparados de la justicia, perdiendo su hacienda, gastando treinta para cobrar diez. Entonces, en cada pueblo había juez que sentenciaba los pleitos que entre vecinos se levantasen. Pero, entre una provincia y otra, los pastos y los términos, el Inca enviaba juez particular.
 

No hacer bien el oficio de procurador incurría en pena y por ello era castigado, conforme su negligencia, más o menos rigurosamente. Si dejaba de acusar el delito del súbdito, hacía suyo el delito ajeno, siendo castigado por dos culpas, una por no haber hecho bien so ofício e otra por el delito ajeno. Todos, los que mandaban y los subditos tenían fiscales que velaban sobre ellos, obligandolos hacer su mejor, cumpliendo con sus obligaciones. Todos trataban de no hacer cosa que no debiese, también porque el castigo era riguroso, la mayor parte de muerte: no castigaban por el delito hecho, sino por haber quebrantado el mandamiento y roto la palabra del Inca, que lo respetaban como a Dios.
 "Y aunque el ofendido se apartare de la querella o no la hubiese dado, sino que procediese la justicia de oficio o por la vía ordinaria de los fiscales o caporales, le daban la pena entera que la ley mandaba dar a cada delito, conforme a su calidad, o de muerte o de azotes o destierro u otros semejantes". (Garcilaso)

También a los hijos de familias castigaban por el delito que cometía, como a todos los demás, conforme a la gravedad de su culpa. Fuesen o no travesuras de jóvenes, respetaban la edad que tenían para quitar o añadir de la pena, conforme a su inocencia. Al padre castigaban severamente por no haber enseñado y corregido a su hijo desde la niñez. Estaba a cargo del decurión acusar al hijo, de cualquier delito, como el padre, "por lo cual criaban los hijos con tanto cuidado de que no anduviesen haciendo travesuras ni desvergüenzas por las calles ni por los campos, que, además de la natural condición blanda que los indios tienen, salían."

Garcilaso de la Vega, en su libro Comentarios Reales, se refiere a Pedro de Cieza de León para hablar acerca de la justicia de los Incas y acerca de la milicia: "Y si hacían en la comarca de la tierra algunos insultos y latrocinios, eran luego con gran rigor castigados, mostrándose en esto tan justicieros los señores Incas, que no dejaban de mandar ejecutar el castigo, aunque fuese en sus propios hijos".
Y hablando de la misma justicia: "Y por el consiguiente, si alguno de los que con él iban de una parte a otra era osado de entrar en las sementeras ocasas de los indios, aunque el daño que hiciesen no fuese mucho, mandaba que fuese muerto". Lo cual dice aquel autor sin hacer distinción de Incas a no Incas, porque sus leyes eran generales para todos.

Los Incas no tuvieron pena pecuniaria ni confiscación de bienes. Decían que castigar en la hacienda y dejar vivos los delincuentes no era desear quitar los malos del Tahuantinsuyo, sino quitar la hacienda a los malhechores y dejarlos con libertad para que hiciesen otros males peores.

Muy rigurosamente castigaban los curacas que se rebelaban o cometían otro delito que mereciese pena de muerte. Según Garcilaso, se la diesen no quitaban el estado al sucesor, "sino que se lo daban representándole la culpa y la pena de su padre, para que se guardase de otro tanto." (Garcilaso)


"Y si por ventura alguno cometía delito o se hallaba culpado en tal manera que mereciese ser desprivado del señorío que tenía, daban y encomendaban el cacicazgo a sus hijos o hermanos y mandaban que fuesen obedecidas por todos", etc." (Cieza de Léon)

Nunca descomponían los capitanes naturales de las provincias de las cuales era la gente que traían para la guerra, dejandolos con los oficios, aunque maeses de campo, y daban otros de la sangre real por superiores, holgando mucho los capitanes de servir como tenientes de los Incas.


No podía el juez arbitrar sobre la pena que la ley mandaba dar, sino que la había de ejecutar por entero, bajo pena de muerte, por quebrantar el mandamiento de la ley. Decían que dando licencia al juez para poder arbitrar, disminuían la majestad de la ley, hecha por el Inca de acuerdo y parecer de los hombres, graves y experimentados, del Consejo. Decian que faltaba esa experiencia y gravedad en los jueces particulares, que era hacer venales los jueces, abrindo puerta para que pudiesen comprarles la justicia - que nadie debería hacerse legislador sino ejecutor de lo que mandaba la ley, por rigurosa que fuese.


"...considerado bien el provecho que de aquel mismo rigor se le seguía a la república, se podría decir que eran leyes de gente prudente que deseaba extirpar los males de su república, porque de ejecutarse la pena de la ley con tanta severidad y de amar los hombres naturalmente la vida y aborrecer la muerte, venían a aborrecer el delito que la causaba, y de aquí nacía que apenas se ofrecía en todo el año delito que castigaren todo el Imperio del Inca, porque todo él, con ser mil y trescientas leguas de largo y haber tanta variedad de naciones y lenguas, se gobernaba por unas mismas leyes y ordenanzas, como si no fuera más de una sola casa." Garcilaso

El hecho de que aquellas leyes fuesen guardadas con amor y respecto era que las tenían por divinas, siendo su Inca hijo del Sol y el Sol era su Dios, cualquier común mandato del Inca era un mandamiento divino, cuanto más las leyes particulares que hacía para el bien común.

El Sol las mandaba hacer y las revelaba a su hijo el Inca, lo que hacía sacrilego y anatema al quebrantador de la ley, aunque no se supiese su delito. Muchas veces los delincuentes, acusados de su propia conciencia, venían a publicar ante la justicia sus ocultos pecados, porque demás de creer que su ánima se condenaba, creían por muy averiguado que por su causa y por su pecado venían los males al Imperio, como enfermedades, muertes y malos años o una cualquiera desgracia. Decían que querían aplacar a su Dios con su muerte para que por su pecado no enviase más males al mundo.

Casi en su totalidad no habia apelaciones de un tribunal para otro en cualquier pleito, civil o criminal. No pudiendo arbitrar el juez, se ejecutaba en la primera sentencia la ley que trataba de aquel caso, pocos casos civiles se les ofrecían sobre qué pleitear. En cada pueblo había juez para los casos que allí se ofreciesen, el cual era obligado a ejecutar la ley en oyendo las partes, dentro de cinco días. Si se ofrecía algún caso de más importancia que los ordinarios, que requiriese juez superior, iban a la ciudad 'metropolitana' de la tal provincia para que sentenciasen: en cada "capital" de provincia había gobernador superior para todo lo que se ofreciese, para que ningún pleiteante necesitase salir de su pueblo o de su provincia a pedir justicia.

"Porque los Reyes Incas entendieron bien que a los pobres, por su pobreza, no les estaba bien seguir su justicia fuera de su tierra ni en muchos tribunales, por los gastos que se hacen y molestias que se padecen, que muchas veces monta más esto que lo que van a pedir, por lo cual dejan perecer su justicia, principalmente si pleitean contra ricos y poderosos, los cuales, con su pujanza, ahogan la justicia de los pobres." (Garcilaso)


Para remediar estos inconvenientes, los jueces no arbitraban ni había muchos tribunales ni los pleiteantes salian de sus provincias. De las sentencias que los jueces ordinarios daban en los pleitos hacían relación cada mes ( cada luna) a los jueces superiores y aquéllos a otros más superiores, que los había en la corte de muchos grados, conforme a la calidad y gravedad de los negocios, porque en todos los ministerios había orden de menores a mayores hasta los supremos, que eran los presidentes o visorreyes de las cuatro partes del Imperio. Si los jueces inferiores no administrasen recta justicia eran castigados rigurosamente.


"La manera de dar estos avisos al Inca y a los de su Consejo Supremo era por nudos dados en cordoncillos de diversos colores, que por ellos se entendían como por cifras. Porque los nudos de tales y tales colores decían los delitos que se habían castigado, y ciertos hilillos de diferentes colores que iban asidos a los cordones más gruesos decían la pena que se había dado y la ley quese había ejecutado. Y de esta manera se entendían, porque no tuvieron letras,... muchas veces ha causado admiración a los españoles ver que los mayores contadores de ellos y erren en sua ritmética y que los indios estén tan ciertos en las suyas de particiones y compañías, que, cuanto más dificultosas, tanto más fáciles se muestran, porque los que las manejan no entienden en otra cosa de día y de noche y así están diestrísimos en ellas." (Garcilaso)

"...mandaban llamar los grandes quiposcamayos donde la cuenta se fenecía y sabían dar razón de las cosas que sucedido habían en el reino, para que estos la comunicasen con otros que entre ellos, siendo escogidos por más retóricos y abundantes de palabras, saben contar por buena orden cada cosa de lo pasado, como entre nosotros se cuentan por romances y villancicos;"(Cieza de Léon)


Cualquiera disensión entre dos provincias sobre fronteras, por ejemplo, enviaba el Inca un juez de los de sangre real, que procuraba concertarlas, y el concierto que se hacía daba por sentencia en nombre del Inca, que quedaba por ley inviolable, como pronunciada por el mismo Inca.

"Cuando el juez no podía concertar las partes, daba relación al Inca de lo que había hecho, con aviso de lo que convenía a cada una de las partes y de lo que ellas dificultaban, con lo cual daba el Inca la sentencia hecha ley, y cuando no le satisfacía la relación del juez, mandaba se suspendiese el pleito hasta la primera visita que hiciese de aquel distrito, para que, habiéndolo visto por sus ojos, lo sentenciase él mismo. Esto tenían los vasallos por grandísima merced y favor del Inca." (Garcilaso)


"Y como siempre los Ingas hiciesen buenas obras a los que estaban puestos en su señorío sin consentir que fuesen agraviados ni que les llevasen tributos demasiados ni les fuesen hechos otros desafueros, sin lo cual, muchos que tenían provincias estériles y que en ellas sus pasados habían vivido con necesidad, les daban tal orden que las hacían fértiles y abundantes, proveyéndoles de las cosas que en ellas había necesidad; y en otras donde había falta de ropa por no tener ganados, se los mandaba dar con gran liberalidad. En fin, entiéndase que así como estos señores se supieron servir de los suyos y que les diesen tributos, así ellos les supieron conservar las tierras y traerlos de bastos a muy políticos y a de desproveídos a que no les faltase nada." (Cieza de Léon)


A cada hombre daban un topu (1), que es una parte de tierra, para sembrar. Un topu de tierra era suficiente para el sustento de un plebeyo casado y sin hijos. Para cada hijo varón que tenían, otro topu, para las hijas, mitad. Cuando el hijo varón se casaba le daba el padre la parte de tierra que para su alimento había recibido, porque echándolo de su casa no podía quedarse con ella.Las hijas no sacaban sus partes cuando se casaban, porque no se las habían dado por dote, sino para alimentos, porque no hacían cuenta de las mujeres después de casadas sino mientras no tenían quien las sustentase, como era antes de casadas y después de viudas.
Los padres se quedaban con las tierras si las habían necesidad, pero casi siempre las volvían al concejo, porque nadie las podía vender ni comprar, para que ellas fuesen dadas a otros al nacer.

A los nobles, como los curacas, señores de vasallos, les daban las tierras conforme a la familia que tenían: mujeres e hijos, concubinas, criados y criadas. A los Incas, de la sangre real, dondequiera que vivían, daban de lo mejor de la tierra; "y esto era sin la parte común que todos ellos tenían en la hacienda del Rey y en la del Sol, como hijos de éste y hermanos de aquél".



(1) También llaman tupu una legua de camino, y lo hacen verbo y significa medir, y llaman tupu a cualquiera medida de agua o de vino o de cualquiera otro licor, y a los alfileres grandes con que las mujeres prenden sus ropas cuando se visten. La medida de las semillas tiene otro nombre, que espoccha: quiere decir hanega.(Garcilaso)


BIBLIOGRAFIA

Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.
Pedro Cieza de Léon, Segunda Parte de la Crónica del Peru, Del Señorío de los Incas.