ALBORADA - SAYRI ÑAN

7.05.2011

EL DEPORTE EXTREMO DE VIVIR EN EL TAHUANTINSUYO


                               PUENTE DE TABLACHACA,
                    (97.5 km de la carretera Abancay- Puente histórico peatonal)

                  en el mismo lugar donde el Inca Huascar mandara construir un puente similar.



El Inca Cápac Yupanqui, cuando murió su padre, tomó la mascapaycha, la borla colorada del poder y luego de haber hecho las obsequias, salió a visitar toda su tierra y la anduvo por sus provincias por dos años. Entonces volvió al Cozco (Cusco), pensando salir a conquistar el Cuntisuyu, que es al poniente del Cozco (Cusco), donde sabía que había muchas y grandes provincias. Para pasar a ellas, mandó que en el gran río Apurímac, en el paraje llamado Huacachaca, se hiciese otra puente más bajo de la de Accha; la cual se hizo con toda diligencia y salió más larga que la pasada, porque el río viene ya por aquel paraje más ancho.
Según nos cuenta Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales, la puente de Huacachaca y todas las que había en el Tahuantinsuyo eran hechas de mimbre (1). En todo el Imperio Inca se criaba una paja larga, suave y correosa, llamada ichu, con que se cubrían las casas. La que se criaba en el Collao era más aventajada, además de ser muy buen pasto para el ganado, hacían los Collas canastas, cestillas y  patacas (que eran como arcas pequeñas), sogas y maromas.

En la ribera de la laguna Titicaca se criaba grandísima cantidad de juncia y de espadaña, que por otro nombre llaman enea (2) Cortaban la gente de las provincias que estaban obligados a hacer la puente mucha cantidad de enea y juncia para secar hasta cuando tuviesen de hacer la puente. De esa paja hacían cuatro maromas "gruesas como la pierna" - dos echaban sobre el agua, atraviesando el río de una parte a otra, "el cual por cima parece que no corre y por debajo lleva grandísima corriente, según afirman los que han querido verlo por experiencia".


Sobre las maromas, echaban enormes haces de enea y de juncia, "del grueso de un buey", fuertemente atadas una con otra y con las maromas. Sobre los haces de juncia y enea echaban las otras dos maromas y las ataban fuertemente con los haces para que se incorporase y fortaleciese uno con otro. Sobre aquellas maromas, por que no se rompiesen tan presto con el hollar de las bestias, echaban otra mucha cantidad de enea en haces delgados "como el brazo y la pierna", los cuales iban asimismo por su orden cosidos unos con otros y con las maromas." A estos haces menores llamaban los españoles la calzada de la puente."

"Tiene la puente trece o catorce pies de ancho y más de una vara de alto y ciento y cincuenta pasos poco más o menos de largo, donde se puede imaginar qué cantidad de juncia y enea será menester para obra tan grande." (Garcilaso)

Cada seis meses hacían la puente de nuevo, porque los materiales que habían servido, por ser tan flacos, paja, enea y juncia, no quedaban para ser reutilizados. Porque hubiese seguridad en la puente, antes que las maromas se acabasen de podrir y se quebrasen, la hacían de nuevo.


Las puentes, así como las demás obras grandes, estaban repartidas por las provincias comarcanas, y se sabía con qué cantidad de materiales había de acudir cada una, y, como los habían preparado de un año para otro, hacían las puentes muy rapidamente. Los cabos de las maromas gruesas, fundamento de la puente, entierraban debajo de la tierra, y no hacían estribos de piedra donde las atasen, porque, según ellos era lo mejor para aquel tipo de puente, pero también porque mudaban sitio, haciendo la puente unas veces más arriba y otras más abajo, aunque en poco espacio.

Había esas dos maneras de hacer puentes en los tiempos de los Incas para pasar los ríos, una de mimbre y la otra de juncia y enea. Pero, como aquella tierra era tan ancha y larga y la atravesasen tantos ríos, hubo otras maneras y artificios para los pasar, porque las puentes, eran hechas en los caminos reales. Entonces, impulsados por la necesidad, hicieron diversos ingenios para pasar los ríos, conforme sus diversas disposiciones (3.

Aunque tuviesen árboles muy gruesos, era de la madera delgada como el muslo y liviana como la higuera que se valían - la mejor, según decían los Incas, se criaba en las provincias de Quitu, de donde la llevaban por mandado del Inca a todos los ríos. De esa madera hacían balsas grandes y chicas, "de cinco o de siete palos largos, atados unos con otros: el de en medio era más largo que todos los otros: los primeros colaterales eran menos largos, luego los segundos eran más cortos y los terceros más cortos, porque así cortasen mejor el agua, que no la frente toda pareja y la misma forma tenían a la popa que a la proa."(4)

 Hacían también otros barquillos, más manuales - un haz rollizo de enea, "del grueso de un buey", fuertemente atado, del medio adelante lo ahusaban y lo levantaban hacia arriba como proa de barco, para que rompiese y cortase el agua; de los dos tercios atrás lo iban ensanchando. Lo alto del haz era llano, donde echaban la carga que había de pasar. Un solo hombre controlaba cada barco de éstos: se ponían al cabo de la popa y se echaban de pechos sobre el barco, con los brazos y piernas sirviendo de remos.

Así, como cuenta Garcilaso, con un poco de humor... "Si el río es raudo va a salir cien pasos y doscientos más abajo de como entró; cuando pasan alguna persona, lo echan de pechos a la larga sobre el barco, la cabeza hacia el barquero; mándanle que se asga a los cordeles del barco, y pegue el rostro con él y no levante ni abra los ojos a mirar cosa alguna. Pasando yo de esta manera un río caudaloso y de mucha corriente (que en los semejantes es donde lo mandan, que en los mansos no se les da nada), por los extremos y demasiado encarecimiento que el indio barquero hacía mandándome que no alzase la cabeza ni abriese los ojos, que por ser yo muchacho me ponía unos miedos y asombros como que se hundiría la tierra o se caerían los cielos, me dio deseo de mirar por ver si veía algunas cosas de encantamiento o del otro mundo; con esta codicia, cuando sentí que íbamos en medio del río, alcé un poco la cabeza y miré el agua arriba, y verdaderamente me pareció que caíamos del cielo abajo, y esto fue por desvanecérseme la cabeza por la grandísima corriente de río y por la furia con que el barco de enea iba cortando el agua al amor de ella. Forzóme el miedo a cerrar los ojos y a confesar que los barqueros tenían razón en mandar que no los abriesen."






Hacían otras balsas de grandes calabazas enteras enredadas y fuertemente atadas unas con otras en espacio de vara y media en cuadro (5) más o menos, según la necesidad.
"Echan de por delante un pretal como a silla de caballo, donde el indio barquero mete la cabeza y se echa a nado y lleva sobre si nadando la balsa y la carga hasta pasar el río o la bahía o estero del mar. Y si es necesario lleva detrás un indio o dos ayudantes que van nadando y empujando la balsa."

En los ríos grandes y caudalosos, con mucha corriente, que no permitían balsas de calabazas ni barcos de enea, aún con muchos peligros y peñas que a una ribera y a otra tenían, ni playa donde podrían embarcar ni desembarcar, echaban por lo alto, de una sierra a otra, una maroma muy gruesa de cáñamo, llamado cháhuar, atada a gruesos árboles o fuertes peñascos. En la maroma andaba una canasta de mimbre con una asa de madera, "gruesa como el brazo", donde caben tres o cuatro personas, con dos sogas atadas, una a un cabo y otra a otro, por las cuales tiran de la canasta para pasarla de la una ribera a la otra.

"...y como la maroma sea tan larga, hace mucha vaga y caída en medio; es menester ir soltando la canasta poco a poco hasta el medio de la maroma, porque va muy cuesta abajo, y de allí adelante la tiran a fuerza de brazos. Para esto hay indios que las provincias comarcanas envían por su rueda, que asistan en aquellos pasos para los caminantes, sin interés alguno; y los pasajeros desde la canasta ayudaban a tirar de las sogas, y muchos pasaban a solas sin ayuda alguna; metíanse de pies en la canasta, y con las manos iban dando pasos por la maroma. Acuérdome haber pasado por esta manera de pasaje dos o tres veces, siendo bien muchacho, que apenas había salido de la niñez; por los caminos me llevaban los indios a cuestas. También pasaban su ganado en aquellas canastas, siendo en poca cantidad, empero con mucho trabajo, porque lo maniatan y echan en la canasta, y así lo pasan con mucha cansera. Lo mismo hacen con el ganado menor de España, como son ovejas, cabras y puercos. Pero los animales mayores, como caballos, mulos, asnos y vacas, por la fortaleza y peso de ellos, no los pasan en las canastas, sino que los llevan a las puentes o a los vados buenos. Esta manera de pasaje no la hay en los caminos reales, sino en los particulares que los indios tienen de unos pueblos a otros; llámanle uruya. (Garcilaso)

En toda la costa, pescaban en la mar en los barquillos de enea, cuatro, cinco o seis leguas la mar adentro y más si había necesidad - para cargas mayores usaban de las balsas de madera. Los pescadores, para andar por la mar, se sentaban sobre sus piernas, poniéndose de rodillas encima de su haz de enea, bogando con una caña gruesa de una braza en largo (6) hendida por medio a la larga.
"Hay cañas en aquella tierra tan gruesas como la pierna y el muslo;...Toman la caña con ambas manos para bogar; la una ponen en el un cabo de la caña y la otra en medio de ella: el hueco de la caña les sirve de pala para hacer mayor fuerza en el agua. Tan presto como dan el golpe en el agua al lado izquierdo para remar, tan presto truecan las manos, corriendo la caña por ellas ypara dar el otro golpe al lado derecho, y donde tenían la mano derecha ponen la izquierda y donde tenían la izquierda ponen la derecha. De esta manera van bogando y trocando las manos y la caña de un lado a otro, que, entre otras cosas de admiración que hacen en aquel su navegar y pescar, es esto lo más admirable. Cuando un barquillo de éstos va a toda furia, no los alcanzará una posta por buena que sea. Pescan con fisgas peces tan grandes como un hombre. "

Naturaleza, encanto y desafío se ofrecían todos los días en el Tahuantinsuyo, en todas las direciones, a todas las personas, de todas las provincias y de la capital, el Cuzco, y, así mismo al Inca, con excitantes destinos, siempre enmarcardos de Sol - regalando a todos con la riqueza natural de sus piedras enormes, senderos tranquilos y rios caudalosos. Vivir era una emoción, con sus beneficios y dificultades dentro de un viaje lleno de tonos de verde y colores de las flores de aromas delicados...
(1) la de aquel río que los españoles llaman el Desaguadero es de juncia y de otros materiales. Está sobre el agua como la de Sevilla, que es de barcos, y no está en el aire como están las de mimbre, según dijimos. (Garcilaso)
(2) enea , definición de enea , sentido del enea - s f 1 Planta de tallos altos y cilíndricos, con las hojas largas y estrechas dispuestas en dos filas a lo largo del tallo y las flores en forma de espiga anea, espadaña 2 Hoja seca de esta planta, que se usa para tejer asientos y otros objetos una silla hecha de enea anea.
(3)"...también para navegar por la mar eso poco que por ella navegaban."(Garcilaso)

(4)Atábanles dos cordeles, y por ellos tiraban para pasarla de una parte a otra. Muchas veces, a falta de los balseros, los mismos pasajeros tiraban de la soga para pasar de un cabo al otro. Acuérdome haber pasado en algunas balsas que eran del tiempo de los Incas, y los indios las tenían en veneración. (Garcilaso)
(5) vara s.f. 3 Antigua medida de longitud: una vara tiene 83,5 centimetros aproximadamente.

(6) na braza es una unidad de longitudnáutica, usada generalmente, para medir la profundidad del agua. Se llama braza, porque equivale a la longitud de un par de brazos extendidos. Actualmente es considerada arcaica e imprecisa. Una braza española vale 1,6719metros.

BIBLIOGRAFIA

Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.